martes, 7 de junio de 2016

La historia de una simple flor

Autora: Charito Amaya

Empecé siendo una briza que el aire llevaba sin ton ni son, pero llegué a un lugar lleno de sol y un poco de humedad y me dije –Ah, señor viento, aquí es mi nuevo hogar, gracias por traerme aquí- 
Me depositó y siguió soplando. Entonces, abrí la cubierta y emergieron mis raíces las cuales clavé en la tierra, absorbí los nutrientes y empecé a crecer, ayudado del señor Sol. 
Poco a poco emergieron mis brotes, transformándose en hojas, tallos, en fín, todo mi ser. 
Pasaron lluvias, vientos, luna, sol, dia y noche. En mi lugar sólo yo estaba, aferrándome a vivir mi destino. 
No tardé en florecer y me convertí en un magnífico diente de león, según yo. Y siempre le daba los buenos días primero al señor Sol, y posteriormente a una hormiga, que laboriosa recogía lo que consideraba la importante dotación de alimento para su hormiguero, y sin voltear ni perder el tiempo me contestaba sin mirar a ver, indicando a sus amigas el lugar de tan buscado botín. 
Más adelante, recibía los besos de agradecimiento de las abejas, moscarrones y una que otra mariposa agradecidas por el dulce néctar que recibían de mí, el cual les brindaba a cambio de mi polinización. 
Y ya entrada la noche, me despedía de todos y a la luna le daba las buenas noches y me entregaba al cantar de los grillos, que sin ni siquiera pedirme permiso se comían parte de mis hojas y creyendo que me podía satisfacer, me adormecían con sus cantos nocturnos, pero egoístamente lo hacían para buscar pareja y continuar existiendo en este mundo. Pero que más, así era el ciclo de la vida. 
Pero no estaba contenta con mi destino, siempre decía -¿Habrá algo más por lo cual habré nacido? ¿Será que me destino culminé al esparcir mi semilla? No sé, tal vez más adelante lo sabré, pero mi tiempo es limitado y sin nadie a quien consultar mis dudas, resignadamente lo aceptaba. 
Entonces, un día, en la vereda donde estaba mi hogar, se acercó un muchacho, que se me quedó viendo con unos ojos de asombro. Me sorprendió al principio y pensaba -¿Qué querría de mí? ¿Acaso será que soy algún ejemplar raro de mi especie? ¿O es que está asombrado que esté viviendo, o más bien sobreviviendo en un lugar no apto para una flor como yo?- Por lo que por este último pensamiento, levanté más mis pétalos, erguido como si fuera un gigante que dominaba una alta montaña, para así realzar mi figura. 
Este chico, sin dudarlo más, empezó a acariciar mis tallos y en un santiamén me arrancó de mi hogar, cortándome sin delicadeza y llevándome hasta quién sabe dónde y arrepentido de mi equivocado orgullo pensaba -¡Oh pobre de mí¡ ¡Qué cruel es este humano! ¡Mira con qué salvajismo me ha arrebatado de mi hogar y sin dudar ha hecho más corta mi existencia! ¡Adiós mis compañeras hormigas, moscarrones, mariposas e insectos y más que nada señor Sol! ¡Ya nunca más podré darles los buenos días y a la luna ni las estrellas las buenas noches! ¡Que poco he vivido sin poder culminar mi propósito en esta vida! 
De prontó, el chico se detuvo en seco, retrocedió y se ocultó atrás de una pared y acercándome a su boca me dijo –¡Por favor señora flor, en tus manos está mi destino!- No sabía qué pensar y súbita y cruelmente el chico empezó a arrancar mis pétalos uno por uno diciendo –Le digo… no le digo… le digo… No le digo…- 
Asustado y gritando en silencio le decía –¡No, no por favor! ¡Mis petalos noo!- No podía llorar, puesto que las flores no tenemos ojos para llorar, pero sentía que poco a poco mi energía vital iba dejando mi ser. Rogaba porque algún ser superior me arrebatara de este dolor, que me hiciera más ligera esta forma de morir, que me apartara de este mal momento que estaba sufriendo todo mi pequeño ser. 
Mas entonces una voz me decía –¡Gracias, señora flor, a usted debo mi felicidad!, siento mucho el haberle quitado de la tierra, pero al verle luchando por sobrevivir en un lugar tan agreste, me hizo reaccionar, para tomar prestada su fuerza para declararle mi amor, a la mujer que desde niño amé, pero por ser tan inseguro nunca le había podido declarar mi amor. Perdóneme por favor, por haberle cortado sin consultarle ni pedirle permiso, pero toda mi vida le agradeceré el prestarme su fuerza para decirle a la mujer que amo, que deseo pasar el resto de mi vida con ella, y la cual con unos llenos de lágrimas de felicidad y un tierno beso me ha contestado que sí, que ese siempre había sido su deseo, que compartiera su vida con la mía. Por ello, la conservaré en el diario de mis pensamientos de amor que escribía de ella- 
Y así fue, me guardó con mucho amor entre esas hojas llenas de pensamientos de amor a su amada, poniéndome con delicadeza y dedicación. En cuanto a mi alma, sentía como iba ascendiendo a los cielos, y ahí el ser supremo que todo crea y domina me recibió diciéndome –Bienvenido hijo mío, y creo que con eso se ha contestado tu pregunta, que si tu destino era simple y llano y ya viste que no fue así, gracias a tu simple existencia has hecho que un gran amor tuviera un hermoso y final feliz- 
De igual manera que la mujer en cuestión, lo hizo en su momento, yo sentía que derramaba lágrimas de felicidad por ellos, ya que yo, una simple flor tuviera un propósito tan bello como ese, lograr que dos almas se profesaran un bello y único sentimiento que es la fuerza más hermosa que existe en el mundo, llamada AMOR. 

-EL FIN- 


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