sábado, 30 de enero de 2016

El Dije

Autora: Charito Amaya
"EL DIJE"

Yo era una chica muy callada e introvertida, pero cuando me enfurecía explotaba. Sucedió que un chico rompía el jardín que con tanto ahinco había cultivado y me molestó mucho. Le patee el trasero y cayó sobre las flores arrancadas por él y ahí empezó todo mientras le gritaba tres o cuatro verdades. Cuando me di cuenta de mi torpeza, salí corriendo para que no se desquitara conmigo, pero fue inútil. Me esperaba con toda la furia acumulada y que era más que evidente. Se lanzó sobre de mí, tirándome al suelo mientras me decía que tenia que ayudarle a encontrar lo que con tanto esfuerzo había buscado y que por mi culpa había vuelto a extraviar. Algo confusa por lo que me dijo, temerosa le obedecí y mientras me desquitaba con las pobres plantitas, llorando porque por su culpa arrancaba de ahí, vi algo brillante revuelto entre el lodo. Lo saqué y vi que era una cadena con un dije roto, o eso parecía.
Cuando el chico lo vió de nuevo se tiró sobre mi arrebatándomelo y limpiándolo de la suciedad. Hijole, su mirada me cautivó. Jamás pudiera imaginado que este tipo pudiera mirar tan hermosamente algo.
Entonces, agradecido, me contó que ese dije era un recuerdo de su mamá a quien había “perdido” hace como 10 años. Entonces, me disculpe lamentando su pérdida, pero él, quién sabe por qué motivos, me confesó que realmente su madre, había desaparecido, o sea que un día, y precisamente el día de su cumpleaños, había salido a comprar pescado para prepararle su platillo favorito y jamás apareció. Ya había perdido a su padre y después perder a su madre de esa manera era algo que podía partirle el corazón a cualquiera, pero él me contó luego que vivía con un tio desde el fallecimiento de su padre. El chico, la madre y el tio conformaban su familia, y luego al perder de esa manera tan desafortunada a su madre, pues la familia eran únicamente su tio y él. Que ya habían hecho lo imposible por localizarla pero sin resultado alguno. Y el dije, se lo habían arrebatado debido a una broma pesada que sus compañeros de clase le hicieron y cuando le partía la cara a ellos, en venganza se lo habían tirado en el jardín, el cual ya era una montaña de yerbas y lodo.
Él estaba apenado y me prometió ayudarme a reconstruirlo. No lo tomé en serio y le decía que no había problema, pero él, digno de sí, me decía que un hombre tenía que cumplir su promesa y al día siguiente vendría a ayudarme.
Así fue, el dia siguiente ahí estaba ayudándome en casi todo, más bien yo solo lo guiaba y el trabajaba. Luego de todo eso, quedo precioso mi jardín, y de nueva cuenta le decía que no había problema con lo demás, que yo me encargaría de ahí en más del jardín, pero él algo tímido y triste me preguntaba si podría seguir ayudándome, que si no me perjudicaba en ello. De primeras me sorprendió, pero me alegró tener a alguien con la misma dedicación y pasatiempo que yo, y gustosa acepté.
Nos veían como bichos raros, la nerd y el rebelde haciendo jardinería, pero eso poco nos importaba.
Entonces un día, me mostró una foto donde aparecía él con su mamá. Una jovencita muy hermosa y un hombre muy gallardo, teniendo entre las piernas a un curioso niño. Claro es de entenderse que el chico era él. Me mostró igual acercándome el celular el dije, el cual se podía observar que la mamá llevaba consigo un collar con un dije de oro en forma de rosa y el papá un collar con un dije de plata en forma de tallo, y él ese tenía consigo. Me contó que cuando fue el día de su cumpleaños, la mamá le regaló el dije de su fallecido padre y que cuando él le presentara a su futura esposa, le daría el dije de oro, para sellar el compromiso. Cosa muy romántica por cierto, pero a él se le nublaban los ojos, porque ese día fue el que se perdió su madre, pero tanto él como su tío no perdían las esperanzas de encontrarla, así pasaran cien años. Yo le decía que sí, que mientras no haya malas noticias, era ya en sí, mucha ganancia. Me dio tanta ternura y pena su carita, que sentía acongojado mi corazón. Parecía un niño desvalido, e instintivamente lo abracé sin decir más. El chico se sorprendió, pero no retiró mi abrazo y al contrario, pude sentir como él también me abrazaba y quedito me decía que si podía llorar, y tranquilamente, le contesté que sí. Me volvía a decir, que le era muy difícil la carga de parecer fuerte para no preocupar a su tío, tanto, que ni en las noches más calladas se atrevía a llorar, por miedo a que su tío se angustiara por él, ya que demasiado había hecho él por criarlo.
Y así el pobre chico se desahogaba conmigo y yo con él. Lloramos quien sabe cuánto tiempo. Luego entonces , me agradecía ese hermoso gesto y yo, no buscaba ni qué decir ni qué hacer, puesto que jamás me hubiera atrevido a hacer tal cosa con nadie.
Apenada, le comentaba que realmente no era así de directa con cualquiera. También le prometía que no le diría a nadie su lado débil. Que jamás usaría algo tan delicado para hacer burla o causar lástima de él. No sé, ya ni sabía qué tanto le decía al chico, por estar tan apenada y abrumada por ese momento. Pero luego, sucedió lo impensable.
Me tomó de la mano, tan fuerte, que podía sentir sus latidos a través de ella. Ya en el momento anterior que me había acercado el celular había percibido su calidez, pero no me había percatado de ello, hasta en este momento que lo volvía a hacer, pero sin el celular. Dios, podía ver sus pestañas, el iris de sus ojos. Esos ojos tan profundos y tan francos que me absorbían. Esos labios tan finos y marcados, que envidiaba a morir. Su calor, su olor de hombre. Ay, me sentía morir y pasando su mano libre por mi mandíbula, la definía con un tacto delicado, llevando los cabellos sueltos de mi cola, para pasarlos atrás de mi oreja, la cual delicadamente tocó, que me sentía derretir. Todo lo que recorrió su dedo lo sentía caliente y latiendo a mil por hora. Entonces, sólo escuché que me decía, “con permiso y perdona” y tomaba mi mandíbula de nuevo para acercar mi cara a la suya plantándome primeramente, un delicado beso.
Al ver que yo cerraba los ojos y mi boca, teniendo voluntad propia los curvaba para recibir más placer, sonriendo lo volvía a repetir pero con más seducción. Yo, solo pude ver de reojo esa pícara sonrisa, cuando otra vez me plantaba el segundo y más profundo beso. De nuevo mi cuerpo dominado por el placer, respondía al arte de la seducción de este chico. Se arrimaba como gato a su marcado pecho y mis brazos se levantaban para apresarlo y sentir su dura espalda y ahí clavaba mis uñas para no dejarlo ir y exigirle más placer.
Seguíamos en el juego del amor, en el cual él si era experto pero yo no. Él me guiaba como un maestro y yo me encaramaba como si fuera algo natural en mí. Fue delicioso, placentero, excitante.. Maravilloso… Pero la realidad, me golpeó de sopetón, cuando metió su diestra mano a través de la blusa de mi uniforme y se disponía a traspasar mi brasiere y tocarme el pezón. Dios, es ahí cuando me golpeó el rubor y el raciocinio y empujándole con todas mis fuerzas le gritaba “NO!!” porque eso era algo vergonzoso para mí y de paso le daba una senda cachetada y salía corriendo con la cara encendida no sabiendo si de la vergüenza o la excitación.
Pasaron 7 días sin que lo viera, porque me escabullía de él. No quería encontrarlo por nada del mundo, pero él hizo hasta lo imposible para ello. Dios, parecíamos el gato y el ratón. Pero no me importaba, o sería que eso trataba yo de obligarme a pensar. Pero mis sueños repasaban una y otra vez ese dulce momento y eso más me atormentaba. Y no pudiendo escapar más, me acorraló y me encaraba molesto por rehuir de él, sin darle chance de disculparse y gritándole le decía que le tenía miedo, porque jamás pensé que fuera capaz de algo tan ruin (ay si yo la víctima) pero él no me creyó ni tantito por ahí esa “verdad” porque era evidente que yo sentía algo por él, porque sino, no hubiera correspondido así de sus caricias. También me recalcaba que de ser otra, no hubiera hecho lo que yo, que cuando no lo veía lo buscaba ya sea hasta con la mirada. 
Algo extrañada de ello le corregía diciendo que más bien era lo contrario que no quería encontrarme con él y por eso me fijaba de donde estaba para no vernos. Entonces él me decía que para él fue el efecto contrario porque más deseoso lo había dejado de encontrarse conmigo y al ver eso, menos iba a dejar de buscarme.
Que más me valía admitir que le gustaba. Algo exaltada por esa “revelación” me le escapé como pude y volví a poner días de por medio para así aclarar mis pensamientos, pero sí, en realidad, sentía algo por él, pero no sabía decir con precisión qué era. Entonces pasó lo impensable. Conocí a su tío de pura casualidad trabajando en la tienda donde siempre compraba material para el jardín, por cosas que no sabría explicar bien, pero es que realmente el dueño del puesto, se parece muchísimo al chico. Sucedió que cuando estaba en la tienda lo vi salir de la parte trasera con un encargo y me le escondí entre las plantas que ahí se ofrecían y el señor se extrañó de ello y al cuestionarme, algo apenada le comenté algo sobre ello y él hiló las cosas como buen adulto que es y riéndose de esa situación me invitó a tomar un refresco y me agradeció que sea amiga de su sobrino. Algo confundida por esta situación, me explicó la infancia que había tenido y que difícil fue crecerlo y encausarlo a ser alguien “normal” pero por su misma situación se había vuelto muy huraño y desconfiado, pero viendo que podía llevarse con chicas de nuevo le aliviaba algo al tío. La verdad no entendía bien a lo que se refería y bueno, así me despedí de él.
Pasaron los días y pues me volví a acercar a él, pero con la condición de que sólo en plan de amigos, y él lo aceptó resignado, aunque con la misiva de que él haría todo lo posible por ganar limpiamente mi corazón. Aunque algo incómoda (no de él sino de mí misma) acepté. Pasamos el semestre arreglando los demás jardines y el director nos felicitó y así se unieron otros compañeros a formar un club de jardinería, cosa que a la vez que me sorprendió me hizo feliz, por él más que nada, ya que el tío me había confesado sobre la falta de habilidad del chico para socializar con los demás y también esa situación me hacía ser como él, y pues tanto él como yo, podíamos, de alguna manera, adquirir más confianza en nosotros mismos y en los demás.
Resulta que una de las compañeras del club, empezó a fijarse en el chico, pero la verdad eso, al principio me tenía sin cuidado, ya que él tenía más atenciones y confianza conmigo que con las demás chicas, pero ella se le empezaba a meter más. En el sentido de conversaciones que teníamos él y yo, ella se metía, si íbamos por material, ella nos acompañaba. Si íbamos a comprar nuestro lunch o por tal motivo teníamos que ir por otras cuestiones, era la encajosa. Eso la verdad ya me era insoportable. Y como decía al principio, no le daba importancia, pero la gota que derramó el vaso, fue que un día en el salón de clases él me estaba platicando sobre lo que su tio hacía en sus tiempos libres de la búsqueda de su mamá, cuando ella se metió en la conversación y escuchó sobre ello. El chico estaba algo confundido y apenado, y ella encimosamente se le untaba para decirle que si se sentía solo que ella podía ayudarle en lo que necesitara. Argh, eso me cayó re mal y le decía, que eso no le incumbía, que se dejara de hipocresías y que por favor no se metiera en lo que no le importa. Entonces la tipa me gritaba también que por qué me molestaba, que si acaso él era algo mío para enfadarse así, que acaso yo era su novia, porque así nada más se explicaba ella su proceder. Me había desarmado, no buscaba que decir, pero miraba a ver al chico y él también me veía con unos ojos de querer saber también qué sentía por él. Pero nada, mis labios no sabían qué decir, y me fui sin siquiera poder decir nada. ¡¡¿Como rayos podía decir algo, si ni yo misma me entendía?!! Entonces la luz se hizo presente, y corrí de regreso para decirle a esa estúpida que sí, que él era mío desde un principio, desde mucho antes de todo, así que podía reclamarlo como MI NOVIO, pero cuando llegué ahí con el corazón en la mano, fue algo trágico.
Ella estaba encima de él y él dandole caricias, besos y otras cosas. Pero ese “idílico momento” fue interrumpido por el portazo que di, y ella relamiéndose los labios cínicamente me decía. “Ni modo chulita, tú lo perdiste y yo lo tomé” y él estaba de espaldas, perdido en la lujuria del momento. Tomé la poca dignidad que tenía y con una voz entrecortada, les decía “que te aproveche” … Retrocedí lentamente y cuando di la media vuelta me fui corriendo todo lo que podía.
Lloraba maldiciéndolo a él, maldiciéndola a ella y maldiciéndome por ser tan estúpida y crédula.
Como era el fin de semana, me la pasé encerrada en mi cuarto, auto-consolándome y lamiendo mis heridas. No quería saber nada de nada. Pero mi mamá me arrastró a acompañarla a la otra ciudad, porque necesitaba que la ayudara con las compras que iba a hacer ahí, de material para sus clases de pintura. Mi cruel madre no me comprendía. ¿Que humor iba a tener después de eso? Pero en fin, ahí estaba con mi alma despedazada comprando pinturas color pastel y lienzos en blanco para la “artista” de mi madre. En eso, me llamó la atención una pequeña florería entre los comercios de ahí y dejando los artículos en el auto, le pedía chance a mi mamá para ir a ese puestecito y ella me dijo que no había prisa y mientras se encaminaba a terminar sus otras compras.
Me dirigí a ese local y podía admirar y sentir los coloridos ramilletes de flores tan hermosamente exhibidos ahí. Me encantaba la idea de adquirirlos para embellecer el jardín de la escuela, pero me hizo recordar al estúpido bastardo, que me hizo querer dar media vuelta y subirme al carro para no seguir pensando en él. En eso una señora muy bonita, se acercó diciéndome que las flores se estaban poniendo tristes por mi causa. Asustada por esa frase me volteaba para saber cómo es que había ella sabido lo que sentían las flores y ella sonriente me explicaba que mi energía las hacía estremecerse y ella podía interpretar el sentir de esas delicadas flores.
Entonces un poco avergonzada, me disculpaba con ella y sonriente me decía que la mejor terapia para quitarme esa negatividad, era oler unas rosas de un rosado exquisito. Que aroma tan delicado. Y ella me regaló una, comentándome que era para que me hiciera sentir en paz conmigo misma y pudiera reflexionar y perdonar a quien me hubiera hecho daño. Le daba las gracias, pero también le decía que quería adquirir flores para el jardín de mi escuela y ella sonriente me preguntaba en donde estudiaba y le comentaba que en la otra ciudad y así entre plática y plática nos fuimos conociendo mejor , mientras me aconsejaba qué flores comprar y plantar. Me agradó mucho y le decía que no sabía si por ello, se me hacía tan familiar y ella halagada, me lo agradecía.
Entonces, fue cuando se agachó para envolverme las macetitas que ya había decidido llevarme cuando me pude percatar de que algo dorado brillaba sobre su pecho. Exaltada le preguntaba que era eso que tenía colgado y ella lo sacó de entre su ropa y me lo mostraba algo apenada diciendo que era un dije. “¡!Dios mio!! ¡!El dije!! “ Grité como histérica. Lo tomaba casi arrancándolo de su cuello y le preguntaba desesperada que cómo se llamaba, que de donde lo había sacado, desde cuando lo tenía, en fin, no dejaba de dispararle pregunta tras pregunta. Ella asustada, no podía decirme nada. Entonces un señor de detrás de la tienda salió al escuchar mis gritos y se presentó ante nosotras y empujándome me alejaba de la señora, mientras me decía que era su esposa y que me dejara de tanto escándalo.
Pero yo le gritaba que eso no era cierto, que esa señora no era su esposa, que yo sabía quien era y todo. Me desesperaba mucho porque pensaba en el chico y me dije, tengo que llamarle, pero el señor metió a la señora en el cuarto de atrás de la tienda y la encerraba, mientras le decía que no se asustara que él resolvería todo y ella agarrándose la cabeza, le obedecía sin chistar. En eso el señor me amenazaba con llamar a la policía sino dejaba de molestar a su esposa y yo le contestaba que lo hiciera, porque estaba cien por ciento segura que “su esposa” era la mamá desaparecida de un amigo mio y que no sabía el por qué el señor no quería que nadie se diera cuenta de ello. El tipo sin saber qué decir sólo tenía de su lado la fuerza bruta y me sacaba a empellones del local, mientras me oponía lo más que podía a ello. La gente ya se había empezado a arremolinar en la puerta de la florería pero eso a mí me tenía sin cuidado.
Mi madre escuchaba todo el escándalo y fue a la tienda, pero ella no me prestó atención y se disculpaba con el dueño de la tienda y a rastras me sacaba de ese local, regañándome de lo lindo y mientras le gritaba queriéndole explicar sobre ese incidente y mi madre me lanzó tal mirada asesina mientras me decía que sino me comportaba me dejaría tirada en medio de la carretera. 
Me dio miedo su reacción y estaba algo decepcionada por no haber logrado nada, pero entonces en lo que estábamos yendo en la carretera, me dio tiempo de recapacitar y replantear el asunto con más detenimiento. Quería llamar al chico, pero con el problema que había sufrido, me sentía atada de manos. Pudiera ser que no me contestara el teléfono y si le escribía un texto, de seguro pensaría que me estaba vengando de lo que me hizo. Dios y si le hablaba a su tío, contras, no tenía su maldito número.
Bueno, lo mejor sería irlo a ver personalmente y decirle todo, aunque me llevaran los mil diablos por su traición. Pero digo, también yo me lo busqué por indecisa, y además su mamá no tenía la culpa de nada. Digo, no me quería ser la heroína, sino simplemente que él encontrara su mamá era lo más cívico que un ser humano pudiera hacer. 
Como sea, simplemente le iba a decir donde encontrarla y que él fuera con su tío y todos felices. Así que le decía a mi mamá que apresurara el carro para ir a la casa y ella no entendiendo el por qué, no hizo caso, simplemente me dio un trancazo y me callaba para no seguir gritando más tonterías. Se me hizo eterno el camino, pero cuando llegábamos a la casa, mi shock fue enorme. Digo, el destino era cruel conmigo, pero justo para otros. Él estaba parado esperándome cuando vio que llegaba con mi mamá, estaba con una mirada tan roja que no podía ocultar nada.
Hijole, me bajé desesperadamente y él primero, se presentó ante mi mamá y le pedía permiso para llevarme al parque a platicar algo urgente y ella algo contrariada, dijo que está bien, que a ver si con el aire se me quitaba la locura de hace un rato. El chico sin comprender, solo asentía y yo sin poder decir nada, estaba tragándome el coraje, y de maldad me decía que no le iba a decir nada hasta escuchar lo que me tenía que decir.
Entonces, me tomó de la mano y me solté de él, mi madre me miró desde el auto donde estaba bajando las cosas y miraba contrariada mis acciones, entonces lo tomé a él de la mano y sonriéndole a mi madre, me encaminaba al parque para no tener testigos incómodos a los alrededores.
Ya estando ahí le solté la mano y le decía enfadada que soltara pronto lo que me tenía qué decir y él entonces, dudando me decía, que por qué estaba molesta con él, que lo que haya pasado, aunque no se explicara el motivo de mi disgusto, me pedía perdón. Dios, jamás había conocido a alguien tan cínico, y enfadada le crucé una certera cachetada y le reclamaba, que cómo no iba a estar molesta con un perro en brama, porque cómo era posible que solo con que una perra le moviera la cola, enseguida le respondería sin medir nada, y así de encima se hace al confundido, que en verdad era un descarado. El chico sobándose el rostro no entendía a lo que se refería y me gritaba que no entendía a qué se refería con ello y yo de nueva cuenta le decía que el día de que esa resbalosa se le insinuó que él redondito cayó, tanto que cuando fui para decirle que lo quería, estaba ella encima de él y además gozando de lo lindo con esa tipa. El chico sorprendido, y confundido, se empezó a reir aunque de lado por el trancazo que le había dado, y enfadada le gritaba, que era un desgraciado, que todavía me pedía perdón, y aún asi se burlaba de mi confesión, eso era más que suficiente para mí. Me daba la media vuelta para irme de nuevo a llorar a mi casa, sin decirle nada de su mamá, en venganza por esa nueva humillación, cuando él me jaló para sí, abrazándome fuertemente, mientras yo peleaba dándole trancazos en el pecho, pero todo era inútil.
Lloraba y le decía que era un desgraciado y un mujeriego, que porque me tenía que haber enamorado de uno como él, que cómo le iba a hacer para sacarlo de mi corazón. Entonces, me tomó de la mandíbula y me callaba diciéndome que al que había visto no era él, sino otro de los compañeros del club de jardinería quien estaba con esa chica, que si cierto que esa tipeja había querido con él, pero no cayó y la dejaba con sus ganas, pero ella al estar así, que al primero que se encontró al salir él del club de jardinería fue al que se agasajó, así que cuando él regresó para buscarme a mí, él pudo ver todo el relajito que ya había formado la tipeja esa y para vengarse de ti, hizo todo ese numerito.
Por ello me venía a buscar desesperado, porque como no podía esperar hasta el lunes para decirme esto, pues es por ello que se puso a esperarme todo el día hasta que llegamos a la casa.
Estaba temeroso y angustiado de lo que pudiera pasar, pero decidido a conquistarme o pedir perdón si era necesario, aunque él no haya hecho nada para pedirlo. Avergonzada por ello, recapitulaba que sí era cierto, que no me había fijado que realmente con quien estaba era otro y no él, ya que mi ofuscación no me hizo ver con claridad las cosas y entonces él a modo de pago buscaba mis labios, pero yo no iba a ceder tan fácil, pero entonces él me hacía ver que por el cachetadón que le di, era lo mínimo que podía yo hacer por él a manera de compensación.
Maldito, sabía mi punto débil y mi culpa y el deseo pudieron más y así nos fundimos en un delicioso beso de reconciliación. Estábamos en lo rico del agasajo cuando se me acordó lo tan importante que tenía que decirle y empujándolo de nuevo le gritaba que ya había encontrado a su mamá. Él confundido y asustado me decía que si no me había afectado tanto susto y le decía que no, que teníamos que ir a la otra ciudad porque vi a una señora con ese dije y sí no me equivocaba, era ella. El chico no estaba muy de acuerdo en lo que le decía, porque ya anteriormente había confundido las cosas, pero eso no era sólo por loca que lo decía, sino que el señor con quien estaba me hizo sospechar muchísimo sobre cómo se comportaba y así el chico telefoneó a su tio y fuimos los tres a la ciudad vecina y cuando llegamos al local estaba cerrado. Empezábamos a ver cómo entrar ahí, y un vecino nos decía que si buscaban al florista y a su esposa, no se encontraban en el local, que había visto extrañado cómo empacaban cosas en su camioneta, saliendo a toda prisa. El vecino estaba preocupado por la señora a quien veía muy rara, tenía la mirada perdida y angustiada. Eso le preocupó al vecino y se acercó a ellos para preguntar si podía ayudar en algo y el esposo groseramente le decía que no, que dejara de meterse en sus asuntos. El vecino se molestó, pero no dijo más y la señora se disculpaba por él y le había dicho que iban a pasar unos días en la playa a modo de descanso.
El vecino, no entendía bien lo que pasaba, pero como le caía bien la florista, aceptó las disculpas y les deseó buen viaje. El tío, al escuchar eso, desesperado interrogaba al vecino preguntándole si sabía dónde era esa casa que mencionaban, pero el vecino estaba reacio a dar tal información. Era comprensible, pero el chico, molesto le mostró la foto que tenía en el celular y le decía al señor que esa señora era su madre, y que hacía años la estaban buscando, y por ello la desesperación por saber en dónde estaba ella. No entendiendo del todo, el vecino, más se convenció por la cara del chico y por la foto, que aunque algo vieja, era clarísimo que era la florista de joven y apiadándose de nosotros nos dijo en dónde estaba. Sin perder más tiempo nos encaminamos a ese lugar y entre preguntar aquí y allá llegamos al sitio en cuestión. La tensión era tan densa que se podía cortar con un cuchillo. Estacionó el tio el carro a media cuadra de la casita y le dijo al chico que tenían que ir con suma cautela, que no había que entregarse a la desesperación, porque todo era muy delicado de manejar, que le dejara todo en sus manos como adulto que era para resolver esta situación. Yo sólo me quedaba como testigo de las miradas de ellos sin poder más que presenciar ese momento tan dramático y angustiante y a modo de solidaridad, le ponía la mano en el hombro al chico y asentía sin decir palabra alguna, y él, comprendiendo eso, me ponía encima su mano y apretaba cálidamente la mía. Bajamos tranquilamente y ya en el umbral de la casita, tocaba el tío, quien tomaba la batuta de ese encuentro. Nadie salía y volvió a tocar. En eso, se escuchaban pasos dirigiéndose a la puerta y preguntaban si era el mandandero y el tío, viéndonos ponía su dedo en la boca para que nos calláramos y él contestaba que si. El que abría la puerta era el florista y enseguida le decía al tío que era él, y entonces el tío se contenía para ver qué iba a hacer el florista, quien al reconocerme y al parecer, también había reconocido a los dos hombres, se disponía a cerrar con fuerza la puerta, pero el tio lo impidió dándole un empellón al florista, metiéndose con él a la casa, ya que también lo había sujetado del cuello de su sueter.
El chico de igual forma lo sujetaba de una manera dura y le gritaba en dónde tenía a su mamá y yo, por miedo, cerraba tras de nosotros enseguida la puerta, no sin antes echar miradas para saber si nadie había escuchado el escándalo, cosa que pude suspirar de alivio que no había sucedido y me disponía a calmar a los dos que se encontraban angustiosos y desesperados en contra del florista, quien estaba más que descompuesto y temeroso de ellos dos. Forcejeaba diciendo que no sabía de qué hablaban y que lo estaban confundiendo con alguien más, pero ellos continuaban con la metralleta de preguntas y reclamos por la señora a quien no se le veía por ningún lado. Entonces, me angustié de que pudieran ser más bruscos con el florista y les suplicaba que se calmaran y no se dejaran llevar por la furia, cuando de pronto la señora hizo su aparición, al escuchar desde su cuarto todo ese escándalo, y lo que siguió a continuación me dejó sin palabras.
El chico soltaba al florista, mas el tío lo tenía sujeto para darle espacio al muchacho. La madre, se acercaba al chico y él hacia ella. El chico sólo podía balbucear “m-madre… ma-má.. ¡!¿eres tú?!!” y ella respondía más el cuerpo que la mente, e instintivamente se acercaba despacio hacia el muchacho, y acercando su mano, le acariciaba el mentón, de ahí le recorría la cara poquito a poquito y el chico no se movía, sólo dejaba que ella lo reconociera. De pronto ella, levantándole el flequillo, acariciaba una cicatriz que tenía oculta entre la frente y el inicio del cuero cabelludo y le decía, que eso le pasaba por travieso, que era un milagro que no se hubiera hecho más que ese corte, al subirse al gran árbol de la casa.
No había duda, ella era su madre. El chico lloraba a mares, pero en silencio, y limpiándose la cara sólo asentía y le decía entre sollozos que tenía razón. Ella lo tomaba entre sus brazos y lo consolaba le decía que siempre había sido un llorón, y él se desmoronaba entre los cálidos brazos de su madre. El tío y yo, también llorábamos por tan emotivo encuentro, pero el florista, aprovechó que el tio había bajado la guardia para soltarse de él, y se acercaba a la señora, arrebatándoles ese hermoso momento a ellos dos, mientras le gritaba que ellos eran unos intrusos que querían quitarle a su esposa con engaños. Que no entendía que era lo que nosotros queríamos y que era mejor que nos largáramos de ahí porque sino llamaría a la policía. 
Todos nos quedábamos sin poder movernos ante esa repentina reacción del florista, pero a mí ya me había hartado su forma de actuar y me le acerqué a la señora a quien de un tirón la jalé del florista y tomando del cuello el dije, le decía que eso, además del momento que habíamos presenciado, era más que prueba suficiente de que ellos eran madre e hijo, y si tanto quería llamar a la policía que lo hiciera, ya que con ello, más tendríamos razón en confirmar que ellos eran familia, y a él lo íban a encarcelar por haber mantenido secuestrada tantos años a esa mujer, ya que era por demás evidente que él sabía quien era y a donde pertenecía. El chico estaba sin decir nada, pero feliz de que alguien pudiera tomar las riendas para el bien de todos y el tio mientras marcaba en su celular, el número de uno de los detectives de quien se hizo amigo, después de tantos años de búsqueda infructuosa por la desaparición de su cuñada, dándole indicaciones de qué había sucedido. Ella sin comprender nada, empezó a angustiarse y le vino un ataque fuertísimo de dolor de cabeza, que gritaba de tan adolorida que se sentía, que hizo que se desmayara en ese instante.
Todos ayudamos a acostarla y reconfortarla y el florista, olvidándose de todo, decía que iba en busca de sus medicamentos para esa clase de síntomas y el tío no confiando en él lo acompañaba al cuarto, mientras el chico y yo la acomodábamos para atenderle. El chico temblaba de miedo al ver así a su madre, y le decía que no se preocupara, que no iba a suceder nada, pero él me decía que tenía miedo de que la pudiera perder de nuevo, que no iba a poder soportar que después de haberla encontrado, pudiera perderla y esta vez, definitivamente. Le decía a modo de confort que no iba a pasar, que simplemente se había desmayado y era lógico por tantos momentos tan cargados de emoción, era normal que sucediera algo así. 
En eso, regresaban los adultos con el botiquín para atender a la señora, cuando el tío le preguntaba al florista que como era posible que la hubiera retenido por tantos años, sabiendo quien era ella, a lo cual el florista, algo incómodo contaba que un día, mientras estaba de vacaciones por la otra ciudad, paseaba en su automóvil, cuando de pronto encontró deambulando a una muchacha, se iba de un lado para otro de la vera del camino, y bajó la velocidad para divisarla bien, y se dio cuenta que estaba toda sucia y harapienta, y pensó que era una vagabunda o una drogadicta, así que no quería involucrarse con alguien así y decidió acelerar para seguir su camino, cuando de pronto, vio que ella tenía sangre seca a un lado de su cabeza, y ella se agachó para observar a unas flores salvajes y eso a él le llamó la atención, de cómo es que estando así de maltrecha, tenía ganas de mirar flores. Volvió a retroceder y se bajó de su carro para acercarse a ella, y vio con más detalle que a ella algo le pasaba y que su comportamiento no era por drogas, sino más bien por algo más serio. Empezó a platicar con ella y sólo respondía monosílabos e incoherencias, pero mencionaba algo de una fiesta, comida, pescado y un nombre que no se entendía bien del todo. La condujo a su carro y se la llevó al hotelito donde se hospedaba para tratarla, pero temiendo que el gerente del hotelito le dijera algo, la metió a escondidas a su cuarto en donde la atendió, y sin tener mas remedio la bañó y curó. Es cuando pudo ver que era una mujer muy bonita y realmente no era tan chiquilla como aparentaba a primera vista. Y pues pasando unos días ella se recuperó y pudo hilar más frases y cosas, pero una noche, se levantó gritando de miedo y él se acercó a calmarla y ella, le contaba que en el sueño, ella cruzaba la calle para ir al mercado a comprar el pescado para prepararle a su hijo con motivo de su cumpleaños, cuando un carro salió intempestivamente y la arrolló. El señor le decía que no temiera, que ya estaba a salvo y le preguntaba por su nombre, y ella no se acordaba de nada, y le mostró el dije, el cual ella sujeto con toda su fuerza entre sus manos y le decía desesperada que no se lo quitara, y el señor calmadamente le contestaba que no se lo iba a quitar, pero que hiciera un esfuerzo por recordar y las veces que hacía el intento le venían unos fuertes dolores de cabeza que no se le quitaba con nada, y fue tal el dolor, que no tuvo más remedio que llevarla a un hospital. Estando ahí, el doctor pregunto de qué le tocaba, y él para no tener problemas, mintió diciendo que era su esposa y así continuó mintiendo para que la siguieran atendiendo. El diagnóstico en sí, era amnesia debido a un golpe, y pues así como pudieran pasar días, meses o quizás años, en un tiempo indefinido por el doctor, volvería a recordar algo de su vida pasada, que por lo demás todo estaba bien.
No sabía qué hacer, la verdad, es que lo justo era que la tendría qué llevar con la policía, pero por lo vivido con ella, me enamoré sin sentirlo, y pues, así seguí viviendo esa mentira, hasta que pasado algunos años, vi un programa donde salían personas desaparecidas y los vi ahí con la foto de ella, pero más que nada el dije fue lo que pudo hilar de que ustedes eran su familia, pero yo, me encontraba antes de tenerla a ella, solitario y sin nadie en mi vida, así que egoístamente me deshice de mis culpas y le pagué a alguien para que me consiguiera papeles falsos y tener una nueva vida con ella a mi lado. Viendo qué tanto le gustaban las flores, es que abrí este localcito, viendo que no destacara y sea un lugar discreto, y así era con toda mi vida, cuidando de no hacer tanta amistad con nadie, por miedo a que alguien la reconociera, pero nada dura para siempre.
El florista mientras seguía curando a la señora, les continuaba diciendo, que no se arrepentía de nada, porque todo lo hizo por amor a ella, y esos habían sido los años mas hermosos que había vivido al lado de ella, pero como todo, nada dura para siempre, y estaba dispuesto a pagar en la cárcel por su egoísmo, pero como dijo en un principio, todo lo hizo por amor.
El tío no buscaba qué decir, como adulto comprendía al florista, y yo, lo entendía, por ser una romántica, pero el chico no, él por su parte, le decía al florista, que le agradecía todo lo que hizo por ella, pero haberle arrebatado a su madre tantos años, no lo podía perdonar, y si la cárcel era el precio que tenía qué pagar que así fuera.
Tanto el tío como yo, no podíamos refutar su sentir, era cierto, pero me daba algo de coraje que fuera tan duro de corazón, pero también era entendible su rencor y frustración.
Despertaba la señora y no se le pasaban los dolores de cabeza. En cuanto el detective ya había llegado con una patrulla y una ambulancia, y se llevaban detenido al florista y a la señora al hospital para mejor valoración, pero ella estaba angustiada por “su esposo”, pero él le decía que no se preocupara que estas personas (por el tío, el chico y por mi) se iban a hacer cargo de ella, pero no entendía el por qué se lo llevaban y dejándole con esa interrogante el chico se acercaba a ella diciéndole que todo estaba bien, que no se alterara, pero le mencionaba la palabra “mamá” a lo cual la señora le aclaraba, que ella no era su mamá.
Le dolió al chico esa frase, pero se controló y así se encaminaron al hospital.
Fue duro después de eso. Al señor le concedieron el perdón, con la condición de no acercarse a la señora, pero ella siempre preguntaba por él, mientras la tenían en el hospital bajo observación, en lo que un grupo de doctores, sugerían que le trajeran cosas que le hicieran recuperar sus recuerdos perdidos, y entre sesiones, ella poco a poco empezó a tener lucidez de sus memorias pasadas, aunque siempre pedía por “su esposo”.
Era triste que tenían que inventarle excusas por la ausencia del florista. En cuanto a mí, iba de visita a petición del tío y el chico, porque tal vez, por ser mujer, me podía comunicar más fácilmente con la señora, y en la última visita me confesó que ya había podido reconocer a su hijo y a su cuñado, pero que le hacía falta su “esposo”, pero a ellos ya no les decía nada, porque podía notar que no les caía nada bien esa persona, y eso la deprimía mucho, pero viendo cómo habían pasado las cosas, no quería causarles más tristezas. 
Me sorprendí mucho cuando me lo confesó porque eso indicaba que estaba al tanto de todo lo ocurrido, y para confirmar quise preguntarle pero ella siguió diciéndome entre lágrimas, que a pesar de todo, lo seguía amando, porque no podía seguir viviendo sin él, y aunque haya actuado como lo hizo, él nunca la abandonó cuando más necesitaba de alguien. Me recalcó que a pesar de todo, no iba a desajenarse de su verdadera familia, pero ella lo necesitaba en su vida. Eso me entristeció y con valor le aseguraba que hablaría con ellos para ver si cedían para la salud de ella. En cuanto salí del cuarto, el chico estaba ahí parado molesto y triste a la vez, ya que había escuchado en silencio la confesión de su madre. Salimos a los jardines del hospital para platicar sobre ello y le decía mi punto de vista, que no era posible separar a quienes se aman, sean las circunstancias que sean las que hayan originado su amor. Él estaba renuente y necio, y me decía que no lo iba a permitir, que ya demasiado se había robado los mejores años de su niñez, para permitirle seguirle robando el cariño de su mamá. El coraje en mí subió hasta mi boca, y le recriminaba que no merecía haber recuperado a su madre, que sí entendía su sentir de él, pero que era algo cruel no desearle también a ella ser feliz. Terminé diciéndole, que si no podía ser un poco humano no iba a ser posible para mí seguir a su lado, que se diera cuenta de su egoísmo y su equivocación.
Él me decía que no era lo mismo, entonces ya más calmada, le comentaba que suponiendo que yo fuera ella y por algún motivo nos separaran, ¿no lucharía él contra todo y por todo para recuperarme? El chico de inmediato me contestaba que por mí haría eso y más. Ahí se dio cuenta de lo que trataba de decirle y abrazándome me decía, que era una bendición que lo tuviera a su lado, porque siempre había sido tan cerrado y desconfiado a muchas cosas, pero que influenciado a nuestro amor, podía ser un poco más sentimental y humano con los de su alrededor. Me emocioné mucho al oírle hablar así de mí, y correspondía a su abrazo, y bueno, aprovechando ese íntimo momento, nos besamos con una pasión muy nuestra. Lo platicamos con el tío, quien también lo consultó con el abogado, y haciendo unos arreglos, pudimos concertar una cita con el florista en el despacho del abogado.
En esa cita el chico me pidió que fuera, la verdad, no quería, ya que sentía que eso era algo familiar, pero me convenció diciéndome que le era de mucha ayuda su apoyo, para no ceder de nueva cuenta ante el egoísmo y el rencor. Y ahí, estaba el florista, tan demacrado y pálido pero feliz de poder ver aunque sea así a su amor perdido.
En cuanto nos sentamos y le dijeron que todo quedaba perdonado y en el olvido, el florista preguntaba si podía acercarse a la señora y ella nos miró a ver y tanto el tío como el chico asintieron con una sonrisa en su rostro y la señora miraba a su amado asintiendo y abriendo los brazos hacia él. El florista se levantó de la silla y feliz corría hacia ella abrazándola y besándola efusivamente. Los adultos se quedaron platicando luego en una cafetería cercana y mientras nosotros nos íbamos por nuestro lado. Al despedirse el chico de su madre, ella le daba las gracias por permitirle ser feliz con quien amaba, pero no por ello dejaba él de ser su hijo, y ya habría tiempo para recuperar lo perdido. El chico sonriente, le asentía con la cabeza y yo a un lado lo esperaba feliz. Él corrió hacia mí y nos perdíamos entre la demás gente. Nos paseamos por el centro, por las tiendas y los lugares comunes que los chicos frecuentamos, y paramos en el parque, y ahí con el atardecer y las demás personas que veían ese horizonte, me ponía a admirarlo y él se ponía atrás de mí y me envolvía entre sus brazos y su cabeza sobre la mía mientras me decía, cuanto me quería y que le daba gracias a la vida, por haberme puesto en su camino. 
Algo apenada por ello, también le daba gracias al destino, de que por haber regañado a un idiota que destruía mi jardín, pude descubrir al ser más querido para mí. Pero no acababa ahí todo. Le confesaba que quería más de él. Lo entendió y así me decía que ellos iban a tardar en llegar a su casa, que si me parecía acompañarle ahí. Yo asentí y nos fuimos calmadamente hacia su casa.
Antes de subir me hizo esperar en la sala de su casa. Tardó un rato para luego invitarme a su habitación. En la intimidad de su habitación me hizo sentarme en la cama. Era la primera vez que entraba ahí. Sentía latir a mil por hora mi corazón, tanto que podía escuchar en el silencio reinante como palpitaba como loco. En sí el cuarto tenía algo de orden, pero lo lógico era que había escondido alguna que otra cosa bajo la cama, pero había cosas tiradas en el suelo, y me reía imaginando cómo habría él querido medio disimular su desorden sin conseguirlo por completo, pero aún así los nervios no se iban del todo de mí. Había salido quien sabe para dónde, mientras yo todavía estaba tiesa de los nervios. Sólo mis ojos merodeaban de aquí y allá en su cuarto, adivinando qué tantos secretos podría descubrir a simple vista de él. Cuando regresó traía consigo 2 vasos de jugo y unas galletas. Acercó la mesita que tenía a un lado y disponía todo ahí. Se sentó en el suelo e hizo que me acercara a la mesita para degustar las galletas.
Cuando me levanté de la cama, tropecé con una libreta que tenía ahí tirada, cayendo sobre de él. Dios la pena era mucha y no quería abrir los ojos, pero mi cara podía sentirla caliente de lo embarazoso de mi caída. Abría los ojos pidiéndole perdón, pero la vista fue espectacular. Su mirada era tan atrayente, tan varoníl que sentía como torrentes de electricidad recorrían cada parte de mí. Él por su parte, me abrazaba y me pegaba a su cuerpo, murmurando cuánto me quería. 
Le correspondí el abrazo pegándome más a él y pude sentir su hombría levantarse a través de la tela de su pantalón. Entonces, me tomó en brazos y me tendió en su cama. Verlo así, tan varonil, tan hombre, tan mío, hizo estremecer de un doloroso placer todo mi cuerpo. Él por su parte besaba mis rodillas, de poco en poco, me levantaba la blusa y exploraba con sus mágicos dedos mi abdomen, mi cintura, todo lo oculto de mi piel. Yo parecía un gato estirándome de placer ante tales caricias y me dejaba consentir. Mis quejidos iban en aumento y él correspondía dándome el placer exigido con ello. Se quitó la camisa y verle su escultural cuerpo me encendió a un más. Él como todo un maestro me despojaba de la ropa. Primero la blusa, la falda, para dejarme con sólo la ropa interior. Me decía relamiéndose los labios que era divina y más me apenaba y me encendía al mismo tiempo de placer.
Me seguía besando, acariciando, y así fuimos entregándonos al juego del amor. Me poseyó como nadie lo hubiera logrado jamás. Exploró cada centímetro de mi cuerpo, y yo estallaba de gozo. Me hizo sentir mujer en un arranque que jamás pude imaginar experimentar. Y yo queriendo prodigarle el mismo amor, torpemente lo seducía, lo besaba, lo acariciaba. Pero él estuvo contento conmigo.
La fuerza fue en aumento, y yo encima de él me llevó a la cúspide del acto sexual. A la culminación de nuestro climax. A la realización de ser un solo ser en todo el universo. La conexión de nuestros cuerpos fue mágica y maravillosa.
Caímos cansados en la cama, agitados, sudorosos, pero satisfechos. Me abrazaba, y yo lo besaba con suma dicha y placer. 

Nos dábamos las gracias por habernos conocido, y nos prometíamos que seguiríamos juntos para toda la vida. De ahí en más le agradecíamos a la vida, al destino por habernos juntado, en la más curiosa de las casualidades. Todo por un dije, el cual me ponía en el cuello con la promesa de una vida llena de dicha y felicidad. –FIN-

No hay comentarios:

Publicar un comentario